Atender al murmullo digital

November 29, 2017

 

Ya no corre las cortinas para que la luz bañe la sala e ilumine la piel de la modelo. Ahora apenas se sitúa en frente de la fachada de la iglesia a observar cómo se tiñe la piedra con los diferentes colores que, en su recorrido diario, el Sol otorga. Cuando cierra los ojos para buscar en su imaginación las posibles composiciones y los colores adecuados, ya no se le cruzan las obras de los grandes maestros, ni la de sus camaradas de café. Antes cabían ancladas con chinchetas en la pared más ancha de su estudio todas aquellas pinturas que marcaban la excelencia del arte, esas ventanas donde conscientemente se asomaba para buscar sus paisajes de inspiración cuándo quería resolver las contradicciones infinitas que habitaban en sus reflexiones dentro de algunos objetos finitos. Las contradicciones de su tiempo, porque él ya era un creador en la era digital.

 

 

                El método de su proceso creativo era el siguiente: mientras el ordenador portátil se estaba encendiendo, navegaba desde su teléfono móvil en sus redes sociales. Él subía a su muro los últimos trabajos y paseaba por las publicaciones de los cientos de cuentas que, al igual que él, exponían de manera abierta. Facebook, Instagram, twitter, Pinterest… En una superficie menor al tamaño de la palma de la mano, en un lapso de tiempo menor a treinta minutos, ya había consumido más de cien imágenes, muchas de las cuáles eran realmente trabajos inspiradores por su calidad, por lo menos a su juicio. Cuando el ordenador portátil estaba plenamente activo, con todas las pestañas desplegadas, la búsqueda se convertía ya en otra cosa más seria. La superficie de la pantalla es visiblemente más amplia y puede mantener abiertas y muy cercanas las ventanas a esos paisajes inspiradores. De una red social puede saltar a la página oficial del artista, del museo o de la galería. Más imágenes de más artistas, profesionales o no, que archiva en su memoria y si el impacto es mayor, guarda una copia en su ordenador. Por lo tanto, tiene miles de imágenes a mano de otras obras, intervenciones en el espacio, de acciones y de proyectos. A un click, en varias carpetas dispersas en su escritorio, muchas que ya no recuerda y otras que perdió. Cientos de miles de nombres, infinitos colores y formas. El lugar de procedencia ya no importa, es un pequeño texto que acompaña la imagen y, en algunos casos, extraños mensajes en exóticos idiomas. Él se identifica en su relación, tanto buena como mala, con esas imágenes. La suma de estos datos, generan un murmullo que hay que atender para escuchar los mensajes del Ruido digital.

                Los grandes misterios de su tiempo surgen de la relación del ser humano con la conexión global digital. Así que ese es su paisaje de inspiración y el contenido de su narrativa creativa. Por este motivo ha decidido sumar esas imágenes mezclándolas en capas, desglosando la información que los documentos digitales y creando paisajes de ruido digital. Si en otro momento se sirvió del mundo, de Dios o de las narrativas del hombre para crear las imágenes, ahora serán las propias obras de arte las que serán abstraídas. Cuadros que representan la suma digital de todos esos cuadros hablando con el mismo lenguaje, las técnicas digitales. Obras que proponen posicionar a un espectador, al igual que su creador, en el límite de lo conocido, más que un caminante ante un mar de nubes, como un navegador ante un mar de datos.

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