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May 4, 2017

 

 

 

 

 

Se percibe que hay una tendencia en el orden de las cosas de forma circular. El Sol sale incesantemente, una y otra vez, siempre por el Este para ocultarse por el Oeste. La primavera vendrá después del invierno para abrir un nuevo ciclo. En el universo  hay extraordinarios movimientos circulares. La vida en este planeta se armoniza con estos ciclos circulares que se reproducen de múltiples maneras cíclicamente. La razón del ser humano ha comprendido este orden absoluto y la identificación de algunos de estos procesos han estabilizado nuestra existencia. La armonía de los ciclos es la fuente de la vida. No lo digo yo, se ha repetido una y otra vez, en muchos idiomas,  en varias religiones, en miles de rituales… una y otra vez

 

 

 

            La propuesta que presento en este documento participa de esta reflexión. Es una sospecha: los estados de consciencia que logra el misticismo en varias religiones y filosofías, que conectan el ser con “lo divino”, se consiguen mediante un lenguaje circular.

El proyecto emerge de la certeza de que los rituales de corte místico repiten oraciones y realizan movimientos circulares para desmaterializar el cuerpo, como las danzas sufíes o los mantras hinduistas. La búsqueda mística es que los sonidos e imágenes que fluyen circularmente se armonicen con los movimientos cíclicos del espectro natural, tendencia que se repite en todas las religiones a lo largo del globo. Las esferas de las cuentas (Rosario, Yapa mala, Tabish…) se deslizan entre las manos ayudando a los fieles a entrar en estos ciclos de elevación de consciencia mientras entonan diferentes oraciones. Los derviches danzan girando como los astros, la cábala judía cantaba a las esferas y los místicos cristianos oraban en silencio hasta alcanzar el éxtasis. Algunos gozaron de experiencias inefables que transforman la percepción del cuerpo mediante diferentes procesos, como los circulares Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola en el siglo XVI que guiaban la meditación en oscilaciones circulares entre el cielo y el infierno. Los cuerpos se despojan del peso de lo terrenal mediante diferentes canales cuando orbitan de manera paralela a los ciclos.

            Pero Dios murió. Las religiones, en su retirada, han dejado huérfanas algunas cuestiones que inquietan a nuestra especie desde tiempos inmemoriales. Pero ¿Cesará la sed de divinidad? Solos ante la eternidad, la ciencia y el arte se presentan como la nuevas prótesis del ego, como apunta el teórico Hal Foster en su ensayo Dioses prostéicos. Hoy, la humanidad se expande como un líquido por la superficie de las cosas y rara vez tiene tiempo para profundizar en cuestiones más allá del placer. Pero parece que nuestra existencia tiene memoria sobre la angustia por esa sed de divinidad. No nos sorprende la consideración del arte como una fuente de sentido para calmar la sed de algunas contradicciones infinitas desde los pequeños objetos finitos.  

 

            El arte tiene sus misterios y el espectador iniciado puede (y debe) mover sin necesidad de tocar (puesto que es un objeto musealizado) aquella rueda anclada en un pedestal que Duchamp (¿artcycle?) nos presentó para anunciar oficialmente el nuevo estatus del arte.

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