Presencias en la humedad

February 7, 2017

Presencias en la humedad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 1

 

 

Cada capítulo de la sexualidad es diferente. Nuevos cuerpos, nuevas caricias, nuevos recorridos y surge un nuevo ritual con cada persona. Difícilmente se podría establecer una imagen objetiva para compartir la esencialidad de nuestra experiencia. Quizás sería adecuado sugerir los elementos que sí se repiten. Evocar los recuerdos ya preparados del espectador, hacer hablar a la humedad y de que mejor manera que desde la plástica experimental. La idea: Presentar imágenes de húmedas experiencias rodeando lo evidente. La sugerencia de la sexualidad deconstruida en estas composiciones deja que el espectador de rienda suelta a su imaginación, que abra la puerta a su paisaje personal sobre la sexualidad. En el tiempo de la pornografía colectiva ¿qué nos permite liberar nuestra intimidad?

Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra.

                                                                             Cortázar, Rayuela.

 

En el nacimiento todo es humedad, esos  pequeños infantes emergen de un ambiente acuoso. El líquido amniótico se esparce por el espacio que alberga el acontecimiento, el sudor brota de los cuerpos, la saliva se derrama, la sangre construye las primeras composiciones visuales… la humedad se apropia del nacimiento. Es en el nacimiento  cuando comienza la carrera entre lo húmedo y lo marchito.

Surge el momento en el cual los húmedos ojos empiezan a adquirir imágenes de la realidad, la húmeda visión comienza en su tarea de leer el mundo.  La mirada lubricará su mapa del territorio recopilando información, incluso otras miradas que se cruzarán con la suya,  observadores y observados. Ojos empapados de los que brotarán las profundas pasiones del ánimo en forma líquida, como esas lágrimas de alegría o de sufrimiento. El mundo entra y sale por la córnea, ese acuoso tejido que cuenta con la mayor densidad de terminaciones nerviosas de nuestro cuerpo.

Mientras los ojos codifican el mundo y buscan lazos en ojos ajenos, la piel recibe húmedos besos. Cada beso, humedece y lubrica las relaciones físicas con los otros. Los besos existen para muchas culturas en diferentes formas, algunos inocentes que nos ofrecen a los demás reconociéndonos dentro de un grupo y otros que terminan por vincular a dos o más personas en la intimidad sexual.

 

Todo empapado de nuevo, el sexo vuelve a generar humedad y se derrama por todos los sitios gracias a la suma de corrientes con la majestuosa portadora del verbo como es la saliva, el íntimo sudor, con la palpitante lubricación, las eyaculaciones, la sangre… La lengua me recuerda a un  pincel que garabatea palabras en un arcaico lenguaje en la remota y profunda bella intimidad. Manos mojadas que se deslizan suavemente  y extienden el  empapado afecto por toda la piel, dibujando en los desnudos cuerpos caprichosos esquemas que simbolizan la celebración de la humedad. Olvidaremos las efímeras marcas del recorrido que la húmeda mirada le dicta a la mano, quien traza y explora la piel empapada. Formas que no permanecerán mucho más tiempo que el estrictamente necesario ante los ojos de los amantes, momentos inenarrables que nos acompañarán y resucitarán caprichosamente.  La presión de dos o más cuerpos en su contacto, termina mojando el mundo. Instantes donde el cuerpo se reconoce como tal, lugares que aúnan todos los sentidos y nos recuerdan que estamos salvajemente vivos.

 

Un líquido se mueve y toma la forma de su entorno con relativa facilidad, lo líquido puede cargar con muchas acepciones, tomar muchas formas. Debo decidir si tomar la humedad dentro del Amor Líquido y caminar reflexionando con Bauman, pensando en la fragilidad de las relaciones interpersonales en nuestra contemporaneidad. ¿Dónde está la frontera entre el deseo inmediato y la demostración del profundo afecto? Efectivamente,  me quedo paralizado ante la colisión de fuerzas que se da cuando se encuentran la promesa del placer que se puede generar en estas celebraciones de la humedad y el miedo que brota a un hipotético sufrimiento.

 No hay dos húmedas experiencias iguales, no todo puede ser almacenado y cada uno recuerda según la supervivencia de algunos detalles. Experiencias de inspiración que nacen de iluminaciones materiales, de la más humilde materia u objeto. La imaginación actúa como un juego, desmontando los recuerdos y volviendo a construirlos de manera imprevisible e infinita. Algo de los rastros de esas caricias íntimas, del húmedo desorden que ha dejado el sexo en las sábanas, del sudor de su cara cuando nos besábamos, de las masturbaciones, de miradas cómplices entres húmedos ojos. La humedad arrastra y une materias, delatándose por los reflejos de su brillo.  Todo permanece en silencio, ese cuadro holandés tan antiguo se puede ver el reflejo del sol que entra por la ventana en sus ojos, brillo que nos recuerda que esa imagen parada está incesantemente renovada por nuestros propios recuerdos. Las experiencias han sido muchas, todos tendrán las suyas y lo difícil es encontrar qué podría unirlas. Fueron sensaciones intensas y cuando se vuelve de ellas al mundo de lo dado, como decía el mismísimo Gadamer de la experiencia artística, todo nos resulta más leve y más luminoso. Detalles que parecían insignificantes hasta que no hemos reparado en atenderlos como los movimientos caprichosos siguiendo formas redondeadas,  los miles de reflejos prodigiosos por todas las zonas empapadas… al volver a visualizarlos todo se renueva. Busco el momento justo en el que una experiencia física comienza convertirse en palabras, en el intersticio entre el hecho y la idea que intentará fijarlo. De esta búsqueda surgirán unos trazos, unos colores y mucha humedad... pero no será transparente, son recuerdos velados.

 

La revolución será húmeda, lo empapará todo. Hoy soy un consumidor, mi día a día es una repetición de diferentes esquemas de consumo. Vivir para un consumidor es patinar rápidamente por esa capa de fino hielo, ya que la velocidad es la única y aparente salvación. Haya donde miro, me abordan imágenes con fascinantes diseños que me hacen desear objetos, desear modos de vidas. Imágenes y objetos que se apropian, como una máscara ritual, de mi identidad. Compro experiencias y las saco de su envoltorio, la promesa de placer se va disipando conforme salen de las imágenes que los sacralizaban. Los preciosos diseños de tantos objetos se manchan fácilmente con el simple contacto de mis dedos, nada parece que este hecho para ser usado. Cuando los poseo, pierden fuerza y se va disipando el placer de poseerlo. Pronto otros objetos suplantarán el vacío, el deseo seguirá vivo. Algunos humanos parecen fascinantes imágenes que emergen de las pantallas,  somos atraídos por esos cuerpos, esos diseños. Son imágenes secas y vacías, pero formarán parte de la zona del deseo donde están todos los objetos. Buscamos esas imágenes fuera de las pantallas, incesantemente repetimos la misma operación una y otra vez. Las imágenes carecen de olor, de calor, de rugosidad, no hay forma de que se incorporen en mi memoria puesto que no tienen esa materialidad de donde nacerían las palabras que alimentan la memoria. Los objetos que se mantienen en su utilidad durante un largo periodo de tiempo, se dejan marcar alegremente por las huellas que la humedad de nuestras manos deja,  la de nuestro cuerpo.

Mis recuerdos están creados por la suma de esas materias, materialidad que es la base de donde emergen las formas a las que volveré siempre en sucesivos e infructuosos intentos por atrapar los matices. ¿A que sabía ese beso o aquella piel? Volvemos para tratar de descifrarlo. Lugares del recuerdo que nunca se dejarán apresar. Todo lo que merece ser recordado, en el campo del afecto, se sostiene gracias a la comunicación que ha surgido con esa persona única e irrepetible. La materialidad no sólo alimenta la experiencia que forma mis recuerdos, sus palabras dan fuerza a esos recuerdos.

Presences humidity:

Chapter 1

A brief introduction to reading compositions moving in the gap between a wet experience and would restrain idea.

Each chapter of sexuality is different. New bodies, new caresses, new routes and a new ritual with each person emerges. Hardly could establish an objective picture to share the essence of our experience. Perhaps it would be appropriate to suggest the elements that repeat themselves. Evoking memories already prepared the viewer, to talk to moisture and what better way than from the experimental plastic. The idea: To present images of wet experiences surrounding the obvious. The suggestion of sexuality deconstructed in these compositions let the viewer unleash your imagination, you open the door to your personal landscape on sexuality. At the time of collective pornography what allows us to release our privacy?

Only pleasure in his last aletazo is the same; before and after the world has been shattered and you have to name it again, finger by finger, lip lip shade by shade.
Cortazar, Hopscotch.

At birth is all moisture, these young infants emerge from an aqueous environment. The amniotic fluid spreads through the space that houses the event, sweat pouring from their bodies, saliva pours, blood builds the first visual compositions ... moisture appropriates birth. It is at birth when the race between the wet and the withering begins. It happens the moment when moist eyes begin to acquire images of reality, the wet vision begins in its task of reading the world. The look lubricate the map of the territory gathering information, including other looks that cross their way, observers and observed. Soaked eyes that spring up deep passions mood in liquid form, such as those tears of joy or suffering. The world enters and exits through the cornea, aqueous tissue that has the highest density of nerve endings in our body.
While the eyes encode the world and seek ties in foreign eyes, the skin gets wet kisses. Every kiss, moistens and lubricates the physical relationships with others. Kisses exist for many cultures in different ways, some innocent offered us recognizing each other within a group and others that end up linking two or more people in sexual intimacy. All soaked again, sex rebuilds moisture and spills all over the place thanks to the sum of currents with the carrier majestic verb as saliva, intimate sweat, throbbing lubrication, ejaculation, blood ... the language reminds me of a brush scribbling words in an archaic language in the remote and beautiful deep intimacy. Wet hands to glide smoothly and extend the sodden affection for all skin, drawing on the naked bodies whimsical patterns symbolizing holding moisture. We forget the ephemeral travel brands that wet look dictates at hand, who draws and explores soaked skin. Ways that will not stay much longer than absolutely necessary in the eyes of lovers, unspeakable moments that accompany us and rise capriciously. The pressure of two or more bodies in contact, wetting the world ends. Instants where the body is recognized as such, places that combine all the senses and remind us that we are wildly alive.
A fluid moves and takes the shape of its surroundings with relative ease, liquid can carry many meanings, take many forms. I must decide whether to take the humidity inside the Liquid Love and walk with Bauman thinking, thinking about the fragility of interpersonal relationships in our contemporaneity. Where is the border between immediate desire and show deep affection? Indeed, I remain paralyzed by the collision of forces that occurs when they are the promise of pleasure that can be generated in these celebrations moisture and fear that springs to a hypothetical suffering.
No two wet same experiences, not everything can be stored and everyone remembers as the survival of some details. Experiences inspiration born of materials illuminations, from the humblest subject or object. Imagination acts as a game, dismounting memories and re-build of unpredictable and infinitely. Some traces of these intimate caresses, wet mess that has left sex on the sheets, sweat on his face when we kissed, of masturbation, knowing glances to enter wet eyes. Drag and binds moisture materials, delatándose by reflections of its luster. Everything is silent, that very old Dutch painting you can see the reflection of the sun coming through the window in his eyes glow that reminds us that the still image is constantly renewed by our own memories. The experiences have been many, everyone will have his and how difficult is to find what could unite them. They were intense sensations and when returning them to the world of the given, as Gadamer himself of the artistic experience said, everything we find lighter and brighter. Details that seemed insignificant until you have not noticed serve them as capricious movements following rounded shapes, thousands of prodigious reflexes by all soaked areas ... to return to visualize everything is renewed. I am seeking the right moment in which a physical experience starts becoming words, the gap between the fact and the idea to try to fix it. This search will emerge a few lines, some colors and high humidity ... but will not be transparent, they are veiled memories.

The Revolution will be wet, soaked it all. Today I am a consumer, my day to day is a repetition of different consumption patterns. Living to a consumer is skating quickly that layer of thin ice, because the speed is the only apparent salvation. It is where I look, I deal with fascinating images designs that make me wish objects, wishing ways of life. Images and objects that appropriate, as a ritual mask my identity. Buy experiences and sack its packaging, the promise of pleasure dissipates as they come out of the images that sacralized. The beautiful designs of many objects are easily spotted with the simple touch of my fingers, nothing seems this fact to be used. When I have, they lose strength and it dissipates the pleasure of owning it. Soon other objects supplant the void, the desire will live. Some humans seem fascinating images emerging from screens, we are attracted by those bodies, those designs. They are dry and empty images, but will be part of the area of ​​desire where all objects are. We seek those images out of the screens, incessantly repeat the same operation again and again. The images are odorless, heat, roughness, there is no way to incorporate in my memory since they do not have that materiality of which would be born the words that feed memory. Objects that are kept in their usefulness for a long period of time, happily mark left traces of moisture leaves our hands, with our body.
My memories are created by the sum of these materials, materiality is based on where the forms to which I will always return in successive unsuccessful attempts to catch the nuances emerge. What I knew that kiss or that skin? We return to try to decipher it. Places of memories that never leave catch. All that deserves to be remembered, in the field of affection, is sustained by communication that has emerged with that unique person. Materiality not only feeds the experience that shaped my memories, his words give strength to those memories.
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